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¿Seguimos en el juego?

por | by Paola Santoscoy


Partamos de esta pregunta. Y digamos también, incluso antes de revelar de qué juego se trata y cómo éste opera, que lo importante no es la respuesta sino aquello que genera la pregunta. Lo importante aquí es la duda; el momento entre la seriedad y el desenfado, entre la realidad y la ficción. Utilizo entonces la pregunta “¿Estamos todavía dentro del juego?” como el punto de entrada a la más reciente obra de Rubén Gutiérrez: Banality by repetition by repetition, (they live: the reality of knowledge) (2009). Una de las más complejas en su repertorio, esta obra es un compendio de referencias provenientes del cine, la ciencia ficción, el mundo del entretenimiento, la filosofía contemporánea, el arte contemporáneo, e incluso de la situación socioeconómica y política actual. El resultado es un video que, más que una sucesión de referencias, presenta un verdadero cruce entre éstas.

Uno de los temas recurrentes en la obra de Gutiérrez, y también una de las fascinaciones que lo han acompañado desde niño, es la ciencia ficción. En el caso de Banality by repetition… , la escena alrededor de la que gira el video –la sorpresiva aniquilación del artista– tiene un parentesco innegable con la película eXistenZ (1999) dirigida por David Cronenberg. eXistenZ es el nombre de un juego de realidad virtual sobre el que trata la película de Cronenberg, y que muy al estilo de este cineasta canadiense está lleno de violencia, misterio, sensualidad y gore: los participantes se conectan al juego de manera colectiva mediante un orificio en la espalda baja, y el juego mismo es una especie de híbrido entre un órgano humano de apariencia grotesca y un joystick. La trama de la película se desarrolla alrededor de las aventuras de dos personajes, Allegra ?quien supuestamente es “la mejor diseñadora de juegos del mundo”? y Ted, dentro de este juego. Cambiando de escenario continuamente, Cronenberg logra de manera simple y elegante generar la ilusión de una realidad paralela, que hacia el final se complica aún más revelando al “verdadero” diseñador, quien termina por ser asesinado.

En Banality by repetition…, Gutiérrez adapta la situación para ser asesinado bajo la acusación de ser “el mejor video artista del mundo”. Así, en un remake de la escena final de eXistenZ, dos jóvenes, que parecen ser sus admiradores, se acercan al artista para confrontarlo: ¿No crees que el mejor video artista del mundo debería ser castigado por deformar la realidad? A esta pregunta le siguen otras líneas incriminatorias y la conversación pronto termina con el asesinato de Nourish-Gutiérrez: ¡Muerte al demonio! ¡Muerte al arte! ¡Muerte a lo superficial! gritan victoriosos estos jóvenes que parecen salidos de un video musical. Y eso no es todo, el sitio en el que tiene lugar el asesinato es un museo (el mismo en el cual la obra se presenta), de tal forma que como espectador, uno se reconoce ?¿dentro del juego?? como parte del sistema de legitimación al que Gutiérrez alude de forma teatralizada. Pues al final de cuentas se trata de una farsa, de una escena actuada, ¿cierto?

El personaje asesinado claramente representa el mal, un demonio que hay que erradicar. Sin embargo, estas consignas trasladadas al terreno del arte se convierten en una declaración irreverente de frente a la obra misma, a la figura del artista y ultimadamente de frente a la institución. Banality by repetition… se desarrolla alrededor de la autoaniquilación del artista. Mientras que las dos definiciones con las que abre el video ?la de la palabra filosofía, extraída del Diccionario del Diablo (1911) de Ambrose Bierce, y la de banalidad? introducen un tono de rebeldía e incredulidad que apunta hacia una misma dirección: el cinismo. Desde ahí opera la obra de Gutiérrez. ¿Qué quiero decir con esto? Que se trata de alguien que ha incorporado la duda constante a su estar en el mundo, y como consecuencia a su proceso artístico. Los gestos provocativos aparentemente inofensivos de sus obras son producto de un profundo y genuino cuestionamiento sobre aquello que conforma su realidad y su condición como artista. Para el cínico no existe una manera absolutista de ver el mundo, así como tampoco existen valores absolutos y estables. De ahí lo esquizoide de su obra, pues al mismo tiempo que promulga algo, acto seguido se mofa de ello, minando cualquier posibilidad de una lectura unívoca...(cont.)